Igual, opino nomas, todos tienen 45 segundos MÁXIMO y estos salen con 8 minutos. Y buen.
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Unos buenos comerciales del BAFICI, pongo los dos que más me gustan y adentro tienen el resto.
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Este relato es para todos aquellos que ocasionalmente han tenido un mal día y han necesitado desquitarse con alguien.
Estaba sentado en mi escritorio cuando efectué una llamada telefónica y me contestó un tipo de mal genio.
- ¡Hola!
- Buenas, ¿podría hablar con Luís González?, le dije.
- ¡No, aquí no vive nadie con ese nombre, pelotudo, aprendé a llamar por teléfono! Y me colgó el teléfono de la manera más grosera.
Resulta ser que había marcado un número equivocado, por lo que procedí a llamar al teléfono correcto. Después de colgar, observé el número de teléfono errado en mi escritorio y decidí llamar a ese número de nuevo.
Me contestó la misma persona que me había insultado, así que le dije:
- Usted es un hijo de puta. Y colgué.
Inmediatamente anoté ese número en mi agenda y le puse al lado la palabra HIJO DE PUTA. Cada semana, cuando tenía algún problema o estaba de mal humor, llamaba al tipo y cuando me contestaba, le decía:
- ¡Usted es un hijo de puta!
Esto me hacía sentir mucho mejor; pero al tiempo me acordé del servicio de identificación de llamadas, por lo cual dejé de llamar por unos días al muy hijo de puta.
Un día, se me ocurrió lo siguiente: marqué su número y cuando contestó, le dije:
- Buenas tardes, le llamo del departamento de ventas de Telefónica para saber sí conoce el servicio de identificación de llamadas…
- No y no tengo interés, no me moleste más. Me contestó el tipo.
Un día estaba en el Shopping Punta Carretas esperando que saliera una señora para estacionar el auto en el lugar que ella desocupaba.
Resulta que cuando la señora salió vino un tipo manejando un Renault Clío
azul y se metió. Le toqué bocina, pero nada. El tipo simplemente se bajó del auto y se fue para el Shopping, ignorándome por completo.
Ante esa actitud pensé: ese tipo también es un hijo de puta. Fue ahí cuando noté que en su auto había un letrero que decía: “SE VENDE. INTERESADOS LLAMAR AL TELÉFONO 619 4242″. Anoté los datos y al llegar a casa, lo llamé.
- ¿Sí, hablo, con el señor del Renault Clío azul que está en venta?
- Sí, habla con él.
- ¿Podría decirme dónde puedo ver bien el auto?
- Sí, claro. Vivo en Balbín, en la calle Verdi Nº 1126. Es una casa amarilla y el auto está estacionado al frente de la casa. Mi nombre es Eduardo García y me puede encontrar en casa después de las 6:00 de la tarde.
- Gracias, le dije. ¿Puedo decirle algo, Eduardo?
- Sí, como no.
- Eduardo, usted es un reverendo hijo de puta. Y le colgué.
Bueno, a partir de ese día ya tenía a dos hijos de putas a quienes llamar. Después de un tiempo llamando alternadamente a ambos, la cosa se puso aburrida, por lo cual decidí hacerla más divertida y se me ocurrió lo siguiente:
Llamé al hijo de puta Nº 1 (el tipo grosero):
- Hola…
- ¿Hablo con el hijo de puta? Y esta vez no colgué.
- ¿Estás ahí? A ver si dejás de llamarme, malparido.
- Pues no me cantan las pelotas.
El tipo me preguntó entonces con tono suave:
- ¿Cómo te llamás?
- Eduardo García, le dije.
- ¿Y dónde vivís, Eduardo?
- En Balbín, en la calle Verdi Nº 1126, en una casa amarilla donde tengo un Renault Clío azul estacionado en la puerta.
- ¡En menos de una hora estoy allá para recagarte a trompadas, soretón!
- ¡Uy sí, estoy cagado de miedo! ¡Hijo de puta! ¡Hiiijo de tres mil putaaas! Y le colgué.
Después de eso llamé al hijo de puta Nº 2 (el del auto) y cuando contestó, le dije:
- ¡Mirá que sos hijo de puta!
- ¡Puto, si te llego a encontrar, te voy a romper la cara y todos los huesos!, me dijo.
- ¿Ah, sí? ¿Con que sos valiente? Pues te voy a dar la oportunidad porque en menos de una hora estoy en tu casa para estropearte la jeta, hijo de mil putas a ver qué me vas a hacer.
Enseguida llamé al 911 y les dije que iba para Balbín, a la calle Verdi Nº 1126 a matar a mi novio gay porque me dejó por otro hombre.
Después llamé a un canal de televisión para avisar que la policía había encontrado un depósito de drogas en Balbín, en la calle Verdi Nº 1126.
Por supuesto, me fui para ahí a disfrutar del espectáculo: unos seis patrulleros rodeando la casa, dos tipos recagándose a piñas en plena calle, la policía tratando de separarlos y las cámaras de televisión reportando una disputa pasional entre dos narcotraficantes putos.
¿Qué les parece? ¿No es esto ser un verdadero hijo de puta?
Creativo fue el hijo de puta…jajaja
Padre Nuestro que estás en www.cielo.com .
Santificado sea tu server.
Venga a nosotros tu shareware y freeware.
Hágase tu downloading así en el http como en el ftp y demás sitios webs.
Danos hoy nuestro firewall de cada día.
Perdona nuestros bugs como nosotros también perdonamos a Microsoft y socios.
No nos dejes caer en una Mac y líbranos de todo worm, virus y troyanos.
Enter.
Me siento enferma. El mal se extiende cada vez con mayor rapidez, pero
no hay cura posible. Sólo mi voluntad de vivir y mis vanos esfuerzos por
controlar el virus me han permitido llegar hasta este momento. El más
anciano de nuestro grupo me describió con morboso detalle las causas
y evolución de la enfermedad.
Comienza inesperadamente, bajo un estímulo que en otros casos es
inocuo, y comienza a extenderse por el cuerpo destruyendo otros
organismos o haciéndolos colaborar en su tarea letal.
Poco a poco, dependiendo de la especie de parásito, se adueña de las
funciones vitales y comienza a reproducirse sin control, pervirtiendo el fin
al que, en un cuerpo sano, se dedican los diferentes órganos.
No obstante, hay períodos en los que el virus parece sufrir una recesión…
pero siempre es pasajera. Estos momentos de relativa mejoría sólo indican
que en cierta zona la acumulación de agentes cancerígenos es excesiva,
provocando autodestrucciones masivas.
El mal que yo padezco es además de un tipo especialmente maligno, casi
cruel en su naturaleza, pues la agonía es larga y dolorosa. Para colmo, he
contagiado a una de mis compañeras, y otros del grupo también están
expuestos a la enfermedad, al parecer de forma inevitable.
He llegado a un punto en el que odio a los virus. Mi único consuelo es que
mi muerte también será la suya… y espero que un caso así no se repita.
El más anciano del grupo me ha dado también una serie de nombres
técnicos, pero a mí eso ya me da lo mismo. Hecho de menos mi juventud,
mi cuerpo fuerte y rebosante de vida. En realidad, me queda aún bastante
para los seis mil millones de años.
Sin embargo, antes de morir lanzaré mi advertencia a mis hermanas las
estrellas, porque es posible prevenir la enfermedad si uno la ataja en sus
comienzos. Yo pude haberlo hecho, pero jamás creí que pudiera llegar a ser
algo tan maligno.
Jamás me arrepentiré lo suficiente de no haber destruido ese virus que
el anciano –el Sol– llama “el Hombre”.
Ahora yo, la Tierra, tengo mis días contados.
FIN.
Ven, acá me hablan de cómo se siente la Tierra sin hacerme sentir una BASURA,
y eso me da ganas de ayudar.
Lo vi en CRIS!